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La
importancia de glosarios y libros de estilo multilingües
A nadie se le escapa que traducir
es una tarea particularmente compleja. Aunque son varios los motivos en
que se sustenta esta afirmación, quizá el más relevante tenga que ver
con que se trata de una actividad que depende casi por completo del
factor humano. Traducir es muy distinto, por ejemplo, a fabricar
envases de margarina. Una factoría que se dedique a este negocio cuenta
con un proceso en el que todo está perfectamente calculado y
estandarizado: desde los moldes iniciales hasta la estructuración de las
líneas de producción, pasando por los materiales que se han de emplear,
los tiempos de dedicación a cada pieza concreta, etc. La intervención
humana se limita todo lo más a verificar que las tarrinas
producidas no presenten desperfectos externos o internos.
En el mundo de la traducción ésto
no sucede en absoluto; entre otras circunstancias, porque se trata de
un proceso intelectual en el que el saber hacer se concentra en los
aproximadamente 1.300 centímetros cúbicos del cerebro humano. Pero es
que, además de la propia pericia y cualificación del profesional, hay
que tomar en consideración factores adicionales que van desde el estado
de ánimo del traductor en un determinado momento hasta circunstancias
ambientales de lo más variopintas.
Desde mi punto de vista, uno de
los principales efectos de lo dicho es la honda preocupación que
muchas empresas sienten ante los posibles errores o malentendidos que
puedan producirse durante la traducción de cualquier texto. La
confusión que pueden provocar los conocidos como falsos amigos es
uno de los aspectos más temidos por cualquiera de los clientes de nuestro
sector, conscientes de las nefastas consecuencias de confundir los billions
estadounidenses con billones castellanos, de trocar el lácteo burro
italiano por un cuadrúpedo en español, o de no caer en la cuenta de que
un constipado francés poco tiene que ver con un catarro y mucho
con las disfunciones intestinales. Esta preocupación es tanto más
profunda cuanto mayor es la trascendencia del texto que se está
traduciendo. Piénsese, por ejemplo, en la documentación que acredita una
serie de certificaciones que permiten exportar determinados productos a un
lejano país con costumbres mercantiles y usos administrativos muy
diferentes de los nuestros. Las equivocaciones pueden ser fatales.
Por eso mismo, resulta bastante
sorprendente la escasa claridad de ideas que se advierte en muchas
empresas, no sólo a la hora de decidir a partir de qué momento sino
también al determinar cuál es el mejor modo de atajar esos posibles
errores. En anteriores artículos ya me he referido a cómo la calidad
empieza a imponerse como factor de diferenciación en el sector de la
traducción y a que este concepto afecta a todos aquellos que se
dedican a esta actividad. Es cierto que certificaciones del estilo de las
normas ISO y similares pueden ser indicadores de calidad pero, en
realidad, ésta es un concepto muy complejo que emana de las entrañas de
la propia empresa y de la colaboración con el cliente.
¿Dónde empieza entonces la
calidad? La respuesta a esta cuestión es, a todas luces, más que
evidente: hay que empezar la tarea de prevención por el propio
traductor. Es a partir de él por donde verdaderamente se inicia la
calidad. Por consiguiente, establecer una serie de principios sólidos de
actuación será la mejor manera de evitar desagradables sorpresas en el
futuro. Es en este contexto donde surgen los glosarios y libros de
estilo multilingües como elementos estratégicos de primer nivel para
asegurar fehacientemente la calidad en los procesos de traducción y
reducir al mínimo el riesgo de que se produzcan errores y malentendidos.
En
buena medida, con el diseño, desarrollo, puesta en marcha y mantenimiento
de estos instrumentos no sólo estamos garantizando la calidad desde el
principio mismo del proceso de traducción, sino que vamos un paso más
allá: aseguramos que nuestro trabajo final será el requerido por el
cliente en cuanto a grado de implicación y profesionalidad.
El
empleo de glosarios y libros de estilo multilingües implica tres aspectos
principales. El primero de ellos es que los responsables de las
empresas que vayan a solicitar un servicio de estas características deben
conocer bien a su interlocutor a fin de detectar cuál es su verdadero
nivel de cualificación. En este sentido, las referencias boca a boca
son una de las mejores credenciales pero siempre han de ir acompañadas
por un proyecto de actuación interesante y real.
Una segunda consideración es que resulta imprescindible
disponer de unos mecanismos técnicos que ofrezcan el soporte adecuado a
los glosarios y libros de estilo multilingües. Sin una plataforma
tecnológica apropiada, los intentos por implantar su uso generalizado sólo
se quedarán en eso meros intentos y nunca llegarán a concretarse
en auténticas realidades, con la consiguiente frustración y perdida de
eficacia en el trabajo final presentado al cliente.
El tercer componente para
consolidar estos instrumentos es el factor intelectivo, o sea, los
recursos humanos del proveedor del servicio, cuestión que se concreta en
dos hechos: que éste cuente con unos profesionales tan cualificados
que no sólo conozcan los modismos del país sino las peculiaridades del
sector empresarial en que el cliente desarrolla su actividad (no tiene
mucho que ver un cliente que trabaje en el sector de tecnologías de la
información con el que centre su actuación en el sector del transporte);
y que disponga de un soporte empresarial que ampare y fomente los
beneficios del trabajo en equipo (porque una empresa de traducción no
es una mera yuxtaposición de empleados ni una estafeta de correos que se
limita a intervenir como un intermediario más en el proceso productivo).
Quisiera finalizar este artículo
con cinco consejos adicionales, muchos de ellos basados simplemente en el
sentido común pero no por ello menos interesantes:
1º A un primer error de traducción
casi siempre le seguirán otros: los fallos no suelen producirse
aisladamente y tienden a multiplicarse. Si se dejan pasar los primeros
fallos y no se detectan a tiempo se entrará en una peligrosa espiral de
deficiencias que nadie desea.
2º Utilizar activamente las
herramientas web es una excelente fórmula para ganar tiempo en la
implantación de glosarios y libros de estilo multilingües, y para
facilitar su mantenimiento y actualización.
3º Es conveniente que los
recursos humanos realicen con frecuencia cursos de reciclaje y puesta
al día.
4º Gestionar activamente las
técnicas de redacción controlada (apoyada en glosarios, libros de
estilo y directrices muy concretas) en la medida en que facilitan
enormemente el proceso de traducción, la uniformidad y coherencia del
producto final y, a la postre, suponen un ahorro sustancial en los costes.
5º
Fomentar un sentimiento de comunidad entre quienes participen en el proceso. Esto es algo que, de alguna
manera, contrasta con la figura tradicional del traductor autónomo.
El trabajo en grupo resulta muy enriquecedor en nuestro sector,y trabajar
en comunidad significa compartir una cultura similar, unos objetivos
comunes, unos medios de interconexión prefijados y unas pautas de trabajo
coherentes.
En suma, el desarrollo de glosarios
y libros de estilo multilingües supone una tendencia de futuro que cada
vez será más evidente ante los cada vez mayores requisitos y exigencias
del cliente, lo que la convierte en una magnífica oportunidad de negocio
a medio y largo plazo. Por consiguiente, nos hallamos ante todo un reto que las
empresas del sector deben superar si pretenden estar en primera línea de
mercado.
Pedro Díez Orzas
Director General de Linguaserve
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