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LA
LOCALIZACIÓN
DE CONTENIDOS EN LA ALDEA GLOBAL
En
nuestro actual entorno la potencia de Internet amplía nuestro mensaje
haciéndolo llegar (al menos en alcance) a cualquier rincón del planeta.
Pero que nuestra voz se escuche no es suficiente: se tiene que entender.
Es
cierto que hay un idioma, el inglés, que tiene gran ventaja sobre los demás
por motivos demográficos y, sobre todo, económico-políticos. Su peso
específico se multiplica en el caso de Internet, puesto que alrededor del
ochenta por ciento de los contenidos de la Red está escrito en dicho
idioma (frente a un porcentaje de apenas un cincuenta por ciento de
internautas anglófonos). Pero dado que nadie está dispuesto a perder el
tren de la Nueva Economía, las Administraciones Públicas realizan
esfuerzos más o menos importantes para que sus idiomas estén presentes
en Internet, para que existan contenidos no ya en su lengua, sino
producidos por y para su cultura.
Al
interés cultural por el que cada país potencia su idioma en la Red se
une el auge imparable del Comercio Electrónico, que impulsa la apertura
de los mercados y fomenta la necesidad de vender en varias lenguas. Las
cibertiendas que pretendan saltarse las fronteras deben presentar su
escaparate de forma que se entienda allí donde quieren llegar. Expresado
con otras palabras, es imprescindible adaptar lingüística y
culturalmente los contenidos para penetrar en cualquier mercado. Con el
inglés se puede llegar muy lejos pero no es suficiente en un contexto tan
complejo como éste.
Las
respuestas de las
Industrias de la
Lengua a los retos del mercado
Cuando
nos referimos a las Industrias de la Lengua (amén de actividades
colaterales como las comunicaciones y la publicidad) aludimos a un sector
multidisciplinar que engloba cuatro grandes mercados: publicaciones
electrónicas (diccionarios y enciclopedias en CD-ROM...); sistemas de
gestión de información (manejo y recuperación de información,
clasificación automática de documentos, resúmenes automáticos...);
herramientas de escritura (editores de textos, correctores); y traducción
y tratamiento multilingües (traducción automática y
traducción asistida).
En
todos ellos las innovaciones tecnológicas han sido extraordinariamente
relevantes, hasta el punto de que en una década se ha avanzado más que
en toda la historia de la humanidad. Tal circunstancia en ningún caso ha
cuestionado la figura del traductor. La inviabilidad de la Traducción Automática (sesenta años después del nacimiento de la
Ingeniería Lingüística,
con las primeras traducciones durante la Segunda Guerra Mundial todavía
se está en fase experimental) ha ocasionado que estos profesionales,
lejos de sentirse amenazados por las máquinas, perciban que por fin
tienen herramientas especializadas de Traducción Asistida en sus más
variadas versiones para hacer su trabajo más rentable.
En
esta industria existe un antes y un después de Internet. La Red ha
suministrado una inmensa biblioteca, un enorme corpus de textos en múltiples
idiomas y ha impulsado esta industria en un doble sentido: proporcionando
material sobre el que trabajar a destajo y creando nuevas necesidades de
mercado que ayudan a que se invierta más en investigación y desarrollo
de proyectos y en empresas relacionadas con la lengua.
La
crisis.com no implica un retroceso que frene el desarrollo de las Industrias
de la Lengua en el ciberespacio. Internet es un cambio imparable que
permite unos niveles de comunicación impensables en la historia de la
humanidad. Podrá haber períodos de adaptación o incluso de
estancamiento, pero no hay marcha atrás.
Un
negocio en crecimiento
Sobre
esta base no es descabellado afirmar que el negocio de las Industria de la
Lengua en la Red está muy lejos de encontrar su techo. El desarrollo del
Comercio Electrónico seguirá generando la necesidad de contar con
herramientas que contribuyan a la comunicación global. Hay un dato que, a
mi juicio, resulta suficientemente significativo: la experiencia demuestra
que cuando un usuario encuentra los contenidos o servicios en su propia
lengua y cultura multiplica por cuatro su intención de compra.
El
negocio está ahí. Si, como se indicaba con anterioridad, casi la mitad
de los internautas no son anglófonos y el ochenta por ciento de los
contenidos de Internet está exclusivamente en inglés, el desajuste es
palpable: el cuarenta y cinco por ciento de los usuarios sólo tienen
acceso al veinte por ciento de la Red. El desfase es tan grande que no se
puede obviar la imperiosa necesidad de internacionalizar ese ochenta por
ciento restante que pasa desapercibido a ojos de la mitad de los usuarios.
Las empresas con amplitud de miras son conscientes de que es necesario
llegar también a esos potenciales clientes.
Al
margen de la cuestión económica, las Industrias de la Lengua también están
rodeadas de implicaciones culturales y sociales. Las nuevas tecnologías
del lenguaje permiten que las sociedades más evolucionadas compartan con
las menos desarrolladas el acceso a la información con mayor igualdad de
oportunidades. Porque la tecnología posibilita que no sólo se puedan
manejar eficazmente las lenguas mayoritarias, sino que las minoritarias
puedan desarrollar recursos lingüísticos adaptados a sus necesidades (y
economías) para no quedarse al margen, para no perecer.
Educación,
acceso igualitario a la información, libros electrónicos, bibliotecas en
la Red, traducciones automáticas, herramientas de lectura/escritura para
personas con minusvalías, búsquedas precisas en bases de datos,
recuperación inmediata de información, adaptación de contenidos...
Muchas son las tareas que las Industrias de la Lengua tienen en el horizonte.
El cumplimiento de todos estos retos está en buena medida relacionado con
la adopción de la Red como parte indivisible de nuestras vidas.
Pedro
Díez Orzas
Director General de Linguaserve
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